miércoles, 25 de octubre de 2023

Laudate Deum, cambio climático y el decrecimiento sostenible asimétrico

 25. 10. 2023  

Por: Hugo Cabieses Cubas

“31. Esta situación no tiene que ver sólo con la física o la biología, sino también con la economía y nuestro modo de concebirla. La lógica del máximo beneficio con el menor costo, disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias, vuelve imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad. En los últimos años podemos advertir que, aturdidos y extasiados frente a las promesas de tantos falsos profetas, a veces los mismos pobres caen en el engaño de un mundo que no se construye para ellos”. 

Jorge Bergoglio; Exhortación apostólica Laudate Deum del Santo Padre Francisco a todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática; Roma, 4 de octubre.

Esta cita resume lo que aquí quiero compartir: lo que piensa y sostiene el Papa Jorge Bergoglio y el Vaticano sobre el tema del Cambio Climático, tema que había sido abordado sin mucho detalle en su encíclica sobre la Casa Común que emitiera en el año 2015 y lo que significa reavivar un debate de larga data sobre el Decrecimiento Sostenible Asimétrico DSA que considero que es la única salida actual a la multifacética crisis geopolítica, social, ambiental, cultural y económica en la que nos encontramos en el Perú y Nuestra América.

Ambos temas, en el marco de un planeta en emergencia por guerras sangrientas – Rusia/Ucrania y Palestina/Israel, las más recientes sin ser las únicas -, neoliberalismos extractivistas salvajes y cambio climático sin nombre a consecuencia de un “modelo” occidental que no funciona acorde con la naturaleza y el bien común. Felizmente, creo que aún estamos a tiempo para construir alternativas sensatas que vienen desde abajo y adentro para no llegar al punto de no retorno con relación a nuestra existencia como humanidad. Esas alternativas pueden venir, están viniendo, desde los movimientos que se están expresando y presionando desde hace décadas, las que en gran parte son recogidas por las preocupaciones del Papa Francisco y los pueblos indígenas y no indígenas del Bioma Andino-Amazónico en este periodo post pandemias y post Belém do Pará.

Los quejidos de la Tierra

El “punto de no retorno” ya está aquí en el Estado de Amazonas, Brasil, en donde el más grande rio del planeta se ha secado, los incendios forestales no se detienen, la satanización se adelanta y la población sufre. “El río Solimões no es el único afectado. Todos los grandes ríos de la selva, afluentes del Amazonas, sufren la actual sequía. El río Madeira está 30 centímetros por debajo del nivel más bajo jamás registrado, lo que dificulta la actividad de las presas hidroeléctricas a lo largo de su recorrido. El río Negro en Manaos alcanzó su nivel más bajo en 117 años, cuatro centímetros por debajo del mínimo anterior de 2010” .
 
¿Cuál es el tema de fondo? Es el crecimiento absoluto, estúpido, parafraseando la consigna de campaña del presidente Clinton para su reelección de 1997, pero refiriéndose a la economía estadunidense. Es el cambio climático, producto a su vez de un “modelo” ideológico neoliberal depredador … del que somos adictos, gobernantes y gobernados, desde hace por las menos tres décadas. El gobierno de Brasil está borrando con su puño derecho depredador a favor de los combustibles fósiles, lo que firmó con el izquierdo en agosto en Belén do Pará. No existe otro camino que decrecer de manera sostenible y asimétrico, como la única ruta para evitar el apocalipsis del bioma andino-amazónico.

En su reciente exhortación apostólica, el Papa, señala que en el encaramiento del Cambio Climático y la llamada transición energética se debería tener tres características en las medidas que se adopten, que sean eficientes, obligatorias y monitoreables. Ello a fin de que el inicio de un nuevo proceso apuntando a la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático COP 28 a realizarse en Dubai, Emiratos Árabes Unidos EAU, gran productor de combustibles fósiles, sea drástico, intenso y que cuente con el compromiso de todos. La COP 28 se realizará en Dubai entre el 30 de noviembre al 12 de diciembre de 2023 con una agenda acotada por las ONGs, pero poco aceptada por los principales responsables del cambio climático, los gobiernos de los países “ricos” y las transnacionales “verdes”

Está por verse si estos deseos del Papa serán viables, ya que el mismo señala que: 

“No es lo que ocurrió en el camino recorrido hasta ahora (desde la Cumbre de Río en 1992), y sólo con ese proceso se podría recuperar la credibilidad de la política internacional, porque únicamente de esa manera concreta será posible reducir notablemente el dióxido de carbono y evitar a tiempo los peores males” En el Documento señala también que: “Lamentablemente la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda” (Punto 13). 

El prelado argumenta contra los negacionistas cuando dice que: “Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos”. Señala además que: “Es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos”. (Punto 5).

LEER ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ

(*) Viceministro del MINAM 2011, asesor parlamentario 2015-2019 y activista del Foro Social Pan Amazónico FOSPA e investigador del IDPA San Martín 2018-2023.



martes, 24 de octubre de 2023

La Fuerza del Perú Invisible

 24. 10. 2023

Por: Mesías Guevara Amasifuen

El Perú es un país diverso, esa diversidad se refleja en la composición social de su población, en su geografía, su historia, en sus costumbres, diversas lenguas y dialectos, cultura y creencias religiosas. Gran parte de ese Perú no es visible o poco conocido. Hay quienes hablan de la existencia de un Perú formal, informal e ilegal, además de ellos considero que hay un Perú invisible donde podemos encontrar aspectos positivos que impulsan y motivan a seguir construyendo una patria justa, libre y soberana. Recordando que, si hay justicia, habrá paz y si hay paz habrá desarrollo.

En ese Perú invisible, está el padre de familia que de manera honrada se esfuerza por llevar el pan a su mesa, educar a sus hijos, pagar los servicios públicos o el alquiler de una vivienda, aunque a veces está desempleado, encuentra la forma para autoemplearse como comerciante ambulante, lavador de carros, vigilante, obrero, balsero o taxista. Junto al amanecer encontramos al noble agricultor, que en solitario y bajo la inclemencia del clima, cultiva su tierra con la esperanza de tener una buena cosecha a pesar de los riesgos que existen por el cambio climático, el alza del precio de los fertilizantes y los bajos precios de sus productos. 

Esta el emprendedor que, desde su negocio grande o pequeño, genera empleo, paga sus impuestos, honra con puntualidad sus créditos y enfrenta las difíciles situaciones dando rienda suelta a su ingenio y creatividad. El territorio peruano se energiza con el vigor del joven estudiante que estudia con esmero y dedicación, que muchas veces para sortear sus limitaciones económicas alterna sus estudios con un trabajo a medio tiempo, en busca de convertirse en un profesional con ética y valores al servicio de su patria.

Encontramos a profesionales de diversas disciplinas que trabajan con dedicación y transparencia dando más de lo que están obligados a realizar, costean su capacitación y formación, a veces sin recibir un salario adecuado. Procuran están al día sobre las mega tendencias globales y las políticas públicas nacionales. Están aquellos que cultivan el alma a través de la música, el arte y las letras.

En la costa la sierra y la selva, está la luz fulgurante que emana de los corazones de las mujeres honestas y trabajadoras que se desempeñan con dedicación y sacrificio como profesionales, artesanas, obreras, artistas y responsables del hogar. No se amilanan a pesar de que en ocasiones sufren actos de injusticia y discriminación o trabajan alejadas de su familia. Algunas hacen el rol de padre y madre para sus hijos.   

El Perú invisible evoca, “la palabra del mudo” magistral obra literaria escrita por el genial Julio Ramón Ribeyro y expresa la fuerza que soporta de manera vigorosa a un pueblo que a pesar del infortunio canta y baila al ritmo de una melodía popular. Que el crecimiento económico lo siente cuando tiene trabajo, pan para alimentar a su familia y casa para cobijarlo, así como, recursos para educar a sus hijos. El Perú invisible no es indiferente menos conformista, con valentía se pone de pie y con su fuerza no permite que caiga su amada patria, no espera mucho de sus intelectuales y políticos porque percibe que muchos de ellos sólo están comprometidos con sus intereses particulares. 

Los casos de éxito y acciones positivas de las personas correctas no aparecen en los medios de comunicación masiva, son invisibilizados porque no venden como el escándalo, como la noticia sangrienta o la farándula que crea ídolos de barro y porque no sirven como psicosociales.  En el Perú invisible hay millones de historias dignas de emular, resaltar y contar, allí todos son héroes de batallas reales y triunfan sin la necesidad de tener abolengo, es el crisol de la verdadera peruanidad que alberga las costumbres y tradiciones de un país milenario, allí se funden las emociones y energías para afrontar el olvido del Perú formal que es incapaz de darle acceso a servicios de salud y educación con calidad, agua y saneamiento, seguridad y esperanza.  Mira con desdén y decepción las peleas infructuosas que se producen entre los poderes del gobierno, así como el camino sinuoso que siguen los que administran justicia. 

En el Perú invisible están los nobles ideales, está la convicción cívica y patriótica, la fuerza que nos impulsa a construir una sociedad justa, es decir, donde haya oportunidades para todos. Allí están los hombres y mujeres de bien que constituyen la reserva moral de nuestra nación. El Perú invisible está a la espera que le reivindiquen sus derechos, que sus demandas sean escuchadas y que se establezca un escenario que le permita hacer realidad sus sueños y proyectos. La fuerza del Perú invisible nos recuerda nuestro pasado glorioso y nos da la fuerza para construir nuestro futuro victorioso. 



lunes, 16 de octubre de 2023

La Gran Coalición

 16. 10. 2023/Otra Mirada

Por: 

Mesías Guevara Amasifuen


La coyuntura que vive el Perú es crítica y está caracterizada por las acciones de diferentes actores, donde sus intereses personales o de grupo están en dirección contraria a los de la nación. La más notoria es la tóxica relación que ha establecido la presidenta de la república con el congreso, cuyo objetivo es sobrevivir hasta el 2026 garantizando un relevo presidencial y congresal a su medida, sin importar el costo político, económico y social, para ello están implementando una estrategia de demolición de nuestra débil institucionalidad y copándolo con personajes que siguen a pie juntillas sus consignas. Han dejado de lado su posición ideológica confirmando la frase: “Los extremos se juntan”. Se han juntado para copar al tribunal constitucional, corroer la SUNEDU, infiltrar a la defensoría del pueblo, convertir al ejecutivo en un satélite del congreso, amedrentar al sistema de justicia e intimidar al sistema electoral, para impulsar cambios en la constitución aprobando la bicameralidad como una reelección asolapada. Han roto el equilibrio de poderes convirtiendo al congreso en el epicentro intelectual de la demolición y en un instrumento antidemocrático haciendo que pierda su esencia y razón de ser.      

Todas estas acciones han generado una inestabilidad política provocando una tensa calma y conflictividad social latente a nivel nacional la misma que ha impactado en el crecimiento económico y en el costo de vida. No les ha importado que ese impacto haya afectado a millones de peruanos que han perdido y están perdiendo sus empleos, tampoco les ha interesado que muchos aún no se han recuperado de los estragos que les ha ocasionado la pandemia.  Son insensibles ante el mal desempeño del ministerio de salud el cual sin reparo alguno ha sido entregada como parte de una repartija, más les ha importado cumplir con la distribución de la cuota de poder, a cambio de los votos que tienen en el congreso. Solo piensan en el corto plazo por eso al ministerio de educación la han entregado a los ultraconservadores, olvidando que es urgente formar ciudadanos con principios y valores para que puedan actuar en la sociedad con libertad plena. 

Lo que actualmente estamos viviendo en su momento Jorge Basadre de manera profética expreso lo siguiente: “...Los podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca…”. En esa charca que hoy nos están convirtiendo, no hay lugar para: La institucionalidad, las buenas costumbres, la meritocracia, la transparencia y la solidaridad. Constituye el reino del mercantilismo donde sólo importa obtener ganancias y satisfacciones personales, para ellos el Perú es un botín al que hay que desvalijar con impunidad, en su vocabulario no existe el bien común menos la solidaridad. En esa charca los opinologos actúan de manera agresiva, quienes a través de diversos medios de comunicación masiva destilan sus comentarios con información sesgada e interesada, en lugar del argumento usan el insulto y la descalificación. En la charca construida desde el congreso el diálogo no existe porque ha sido copada por la amenaza, la política ha sido judicializada y la justicia politizada generando un círculo vicioso, con objetivos nada santos. 

Ante esta situación surge la pregunta ¿Qué hacer?, sin el ánimo de ser el dueño de la verdad me animo a proponer que se debe conformar una gran coalición sobre los nobles ideales y principios éticos, que vaya más allá de las posiciones ideológicas e intereses empresariales, el objetivo debe ser rescatar la democracia para luego consolidar un gobierno que sea eficaz y transparente, orientado por las virtudes humanas más elevadas como la justicia, libertad y solidaridad. Para ello es necesario realizar una gran movilización social entorno a una agenda que sea consensuada, pero evitando que sea dispersa y ampulosa, el punto central debe ser el adelanto de elecciones, aunque algunos creen que primero se tienen que hacer reformas electorales, sin embargo, olvidan que estas sólo se producen en el congreso de la república, lo cual es difícil que se produzca porque ese tema no está en su agenda.

El liderazgo de esa movilización puede ser múltiple y de ancha base, recordemos que somos un país con lideres que provienen del sector político, gremios empresariales y sindicales, religiosos, estudiantiles, colegios profesionales y la academia. Lo que falta es decisión, reconozco que no es fácil tomarla porque estamos en un ambiente tormentoso y agresivo, donde la vida tiene el precio de una bala, donde los derechos de los ciudadanos son un suspiro al viento. Sólo nos queda ponernos de pie y caminar con pasos firmes y victoriosos, unidos en una gran coalición que constituye el muro de contención que nos permitirá rescatar nuestra democracia. La decisión es de todos, en especial de los hombres y mujeres de bien que actúan con una profunda convicción cívica y democrática. Y no olvidemos que:  ¡¡La patria nos llama!!

martes, 19 de septiembre de 2023

El camino al infierno

 Por:  Nicolás Lynch/ Otra Mirada

Esta vez parece definitivo. El viraje esperado del bloque en el poder, congreso más ejecutivo con un claro tinte de extrema derecha, luego de los casi setenta muertos de principios de año, está en curso y el objetivo en el corto plazo puede cumplirse: la dictadura abierta. Me he resistido durante meses a calificar al régimen usurpador como dictadura, pero sus acciones los delatan de una manera implacable. Estamos al borde de un cambio de régimen en el Perú.


Me quiero detener en la calificación del régimen como usurpador, porque dicho así nomás se presta confusiones. Es usurpador no por las personas, porque no esté Castillo sino Boluarte, no. Es usurpador porque actúa en contra de la voluntad de transformación del Perú expresada en las urnas en julio de 2021. Y porque los que detentan hoy el poder, no tienen legitimidad entre la población. Es decir, la abrumadora mayoría de los peruanos creen que los que mandan no tienen el derecho a mandar.

En otras palabras, el escudo del Perú está torcido en la banda que Boluarte se pone cada vez que puede, porque se siente incómodo en ese pecho ajeno.

Pero regresando al origen de la relexión. La captura final de los órganos de la justicia, cerraría ese espacio de la esfera pública en el que se procesaba una cierta competencia y deliberación, con algún efecto práctico y a la luz pública, en la correlación de fuerzas entre los distintos actores políticos y nos llevaría al terreno oscuro de la proscripción y la persecución. Es decir, al terreno en el que el poder de turno, pasa a definir quién puede hacer política y quien no, proscribiendo a los que no acatan y persiguiéndolos si no siguen sus dictados.

El factor decisivo de este viraje autoritario es la debilidad de la oposición, tanto social como política y no sólo la maldad de nuestros adversarios que han decidido, parece que ya sin vuelta, volverse en enemigos. El bloque en el poder, promediando desaprobaciones, es repudiado por nueve de cada diez peruanos. No importa la encuesta que se escoja, en los últimos ocho meses. Parece que esta vez ni los amigos, ni el dinero, ni las influencias han podido mover la dureza de estos sondeos. La pregunta es cómo en este estado de asilamiento la debilidad del poder es, paradójicamente, más fuerte que la debilidad de la oposición. 

Por debilidad de la oposición me refiero al espontaneísmo del movimiento social que no logra hacer política, es decir disputar poder, e incluso en algunos casos insiste en repudiar abiertamente la política y mirar mal a los que entienden así su papel opositor. Me refiero también al sectarismo, que vuelve a aparecer cual duende redivivo, para acusar al compañero del costado de cualquier minucia, olvidando la tarea mayor que nos convoca en un momento histórico, de terminar con esta dictadura y volver a abrir un camino democrático.

En los últimos días, sin embargo, se ha prendido una pequeña luz. Organizaciones sociales y políticas han convocado a la movilización para impedir la captura final de los órganos de justicia y la consumación del viraje señalado. Tiene sabor a un intento postrero, pero como dicen tanto en la política como en el amor la esperanza es lo último que se pierde, por lo que hay que darnos la oportunidad.

Quizás el problema mayor en esta unidad sea el manejo de los tiempos en las demandas. Unos quieren restaurar una democracia que habría funcionado en algún momento y ahora estaría mal, otros concebimos que no estamos frente a un resfriado común sino ante un cáncer de fin de época que hay que extirpar de raíz. Los primeros hablan de adelanto de elecciones, los segundos creemos que este debe estar en una perspectiva constituyente. Todos, sin embargo, tenemos al monstruo por delante que no entra en estos detalles y nos quiere devorar para poder cargarse al Perú.

Urge entonces el más amplio frente único, en defensa literal de la vida y por la reapertura del curso democrático, donde será posible volver a ver un horizonte mayor. En ese curso y no en otro es que se deben forjar los liderazgos de conducción política, para que en la próxima parada del tren de la vida peruana no nos reciban las manos ensangrentadas del dictador de turno, sino alguna voz de la esperanza a la que hacíamos alusión líneas arriba.

jueves, 8 de junio de 2023

El Perú está enfermo de fujimorismo

 

Por: 

Yorka Gamarra*

La enfermedad que aqueja al Perú desde hace más de tres décadas es el fujimorismo. Un mal que se encuentra en casi todas las dolencias que afectan la vida de la nación y de los peruanos.

No es una ideología, es una enfermedad, lo afirmo y reafirmo después de haber vivido las tres décadas de fujimorismo, desde los ’90 del siglo pasado, cuando se incubó, hasta hoy, donde se ve cómo día a día, o quinquenio a quinquenio ha ido ganando posiciones.

La degradación de la política, la destrucción de los valores nacionales, de la democracia y sus instituciones, la instalación de la televisión y la prensa basura y la pérdida del sentido de la política como servicio.

Muchos dirán que esta devaluación de todo, es un fenómeno mundial y sí, es mundial, pero en el Perú, lo implementó el fujimorismo.

La expresión concreta de la degradación de lo político, es el establecimiento del estilo fujimorista de hacer política, lo vemos en el Congreso, donde haciendo la salvedad de un par de individualidades, se desarrolla el juego más macabro e irresponsable con el país, por quienes detentan poder. 

No hay ya diferencias ideológicas, ni siquiera programáticas (más que sus propios intereses) no tienen vergüenza política, ni personal, no les importa hacer el ridículo sosteniendo una postura un día y otra al día siguiente otra.

Es irrelevante, a estas alturas, hacer diferencias entre el partido tal o cual, todos los partidos del espectro de la derecha, son fujimoristas, sin excepción. Pero, también hay un fujimorismo a la izquierda (aquí es donde vale hacer algunas salvedades individuales) este fujimorismo a la izquierda, se encuentra en el Congreso y está al servicio del primero.  Este fujimorismo a la izquierda, no lo es en el discurso, lo es en su práctica.

Nunca como hoy, nada de lo que ocurre en el Congreso, tiene que ver con alguna lógica, tendencia, reclamo social o demanda ciudadana. Nada. La agenda parlamentaria y los consecuentes “debates”, son el resultado de la propia dinámica de los congresistas y sus intereses particulares. 

Pero, el fujimorismo, no solo se expresa en el Congreso, lo hace también en el Ejecutivo, en pared con los órganos del sistema de justicia, la Contraloría, el Ministerio Público y no se detiene, su objetivo es copar todo el Estado, para disfrutar de un largo período de impunidad y contubernio.

Cuando a fines del siglo pasado la ciudadanía recuperó la democracia, creíamos que el Perú reconquistaría los espacios perdidos de la razón, la reflexión, el debate alturado y la democracia, pero, ante el vacío de ideas, el fujimorismo se aferró con uñas y dientes y se ha consolidado como sentido común. 

Cómo detectar a quien padece del mal del fujimorismo: identifique a quien ha perdido la vergüenza y la dignidad y saca provecho personal al máximo de cuanta oportunidad se le presente, sin ningún compromiso con el país, con la democracia, con el futuro de las nuevas generaciones, por último, al que no le interesa el qué dirán, un sinvergüenza descomunal.

He ahí la esencia del fujimorismo.

El Perú, está enfermo de fujimorismo, hay que sanarlo.

*Abogada y periodista

La Otra Mirada

lunes, 3 de abril de 2023

Recordando a Daniel Estrada Pérez a veinte años de su partida

 Por: David Ugarte Vega Centeno/3. 04. 2023

Asistimos a la conmemoración de los 20 años de la muerte de Daniel Estrada Pérez.  El paso de los años nos permite acercarnos de mejor manera para hacer un balance de su obra y el significado que tiene ahora y tendrá Daniel Estrada. 
Su muerte temprana generó una frustración en la región, porque, muchos de los sueños estratégicos para la región y el país quedaron truncos. Su muerte frustró el proyecto del desarrollo regional. Y la esperanza de una proa visionaria, un camino para poder lograr construir una región y un país más justo y democrático.
Daniel se fue en el mejor momento de su vida política; se había configurado como un líder nacional, expresando las demandas de las provincias y regiones. Su partida dejó un vacío que hasta hoy es un gran desafío cubrir su ausencia, y lograr los objetivos que diseño con visera alta, para la historia del Perú y particularmente de la región. Diseñó una estrategia para construir un Cusco nuevo, un Perú nuevo, en un mundo nuevo, donde se revalore la cultura andina. 
Para explicar la historia regional, tenemos que hablar, de un antes un después, de Daniel Estrada.
Él abrió surcos, sembró ideas y proyectos con lineamientos de lucha contra el centralismo, por una descentralización auténtica, que las generaciones de hoy están obligadas a conocer. 
Hasta hoy, el vacío que dejo Daniel, no ha podido remontarse, los fracasos consecutivos de los diferentes gobiernos regionales, nos muestran, no solo la ausencia de proyectos, sino la incapacidad para ejercer la transformación regional y contribuir de esa manera a la construcción de un Perú más justo y democrático. A lo largo de estos últimos veinte años han sucedido presidentes regionales y alcaldes que no han logrado transformaciones que permitan una mejor redistribución de la riqueza en la región. Siendo depositarios del gas, aun no tenemos gas para los cusqueños y se venden a precios excesivos. Que tal ironía. De igual manera, la renta minera. En la región no existen obras de envergadura que muestren el inicio de la transformación regional. Hay incapacidad para el gasto público.  Esa ausencia del desarrollo, se expresa en el mapa de pobreza en la que estamos entre las regiones más pobres. Las cárceles están pobladas por ex presidentes regionales y alcaldes por corrupción. Denominamos a esta realidad como “Cusco, frustración y esperanza”.
Tenemos tres ejes fundamentales de desarrollo en la región, el gas y la minería que aún no nos beneficiamos de ella, y el turismo, que, si bien es importante en la región, sus ganancias, no tiene onda expansiva ni expresiva en las provincias más atrasadas que tiene el Cusco.
Por eso, la partida de Daniel, hoy nos exige el surgimiento de un nuevo liderazgo, probablemente distinto, más colectivo; pero necesariamente emular esa grandeza que tuvo, su profundo cusqueñismo, que no era más que la reivindicación del mundo andino, el autor reconocernos mirando el pasado, para encontrar en él una ciudad milenaria, que se perdía entre el mito y la utopía. Daniel, resaltaba nuestra condición de ser herederos de una cultura originaria, de una de las civilizaciones más singulares de la cultura universal.
Daniel impulsó el conocimiento de nuestro pasado, porque sin conocer la historia no se podía entender el presente ni prever el futuro. Su don dialéctico y su socialismo creativo lo acompañaron siempre en la ejecución de sus obras; por eso, la gran transformación que tuvo la ciudad son hitos y testimonios de alguien que amó con profundidad su tierra, de aquel gestor que modernizaba el Cusco sin contradicción entre la tradición y la modernidad. No se podría entender la obra material de Daniel Estrada, si es que se le desligaba de la concepción de valores que primó en él, como sustento ideológico y político.
Estrada valoró, reivindicó y acercó la cultura a la política, entendía que para descentralizar y regionalizar el país había que construir un regionalismo capaz de alimentar dialécticamente la afirmación de la nación y no regionalismos inocuos, sino más bien regionalismos de largo aliento, que pudieran ayudar a configurar y entender, de mejor manera, este Perú diverso y pluricultural.
La institucionalización de nuestra bandera, el cambio del blasón español por el disco de Echenique, hoy escudo del Cusco, el recobrar las letras originales del himno al Cusco, la oficialización del idioma quechua en nuestra región, la apertura a la publicación de obras sobre historia, literatura, arte y música de nuestra cultura andina, la construcción de los monumentos a nuestros héroes míticos Manco Cápac y Mama Ocllo y como el reconocimiento, en nuestra cotidianeidad, del mayor símbolo del poder incaico: «Pachacúteq», hacedor y creador de la grandeza y expansión más importante de los cusqueños, fueron para Daniel, el reencuentro con la historia.
Daniel siempre se preocupó por educar al pueblo en la toma de posición sobre los hechos históricos más importantes. De ahí que la posición que embanderó de no festejar la fundación española del Cusco ni los quinientos años de la llegada de los españoles a América, fue coherente y una fina lectura dialéctica de la historia. Él entendió que podíamos conmemorar críticamente los hechos históricos, porque la historia estaba al margen de nuestra voluntad, no la podíamos cambiar, pero sí podíamos tomar posición, y los cusqueños no debíamos festejar la pérdida de nuestro poder, la caída de nuestro imperio, de nuestro origen, la brutalidad del genocidio y etnocidio. Por ello, Daniel tomó posición apasionada en la defensa por la intangibilidad de Machupicchu, contra la pretendida construcción del teleférico. Defendió la sacralidad del santuario y se resistió a que se convirtiera en una «disneylandia» andina. Señalaba que Machupicchu fue construido por Pachacúteq, como un centro religioso y de descanso, y había que respetar esa condición, velando por su protección y conservación, sin deformarlo.
Daniel Estrada entendió que cultura y poder debían andar juntos, y si la cultura se levantaba como banderas y valores sinceros, junto a ello levantaba su obra material de construcción y modernización de barrios y calles, afirmando el orgullo étnico e identidad regional.
El qosqoruna, pues, nos hizo mirar el pasado para beber la sabiduría en las fuentes de los antiguos peruanos, para enfrentar el presente, transformar y salir de la postración dolorosa de un pueblo quechua-andino, salir de su pauperización y empobrecimiento. Soñó con los ojos abiertos que el Cusco recobraría su rol protagónico en la vida nacional, latinoamericana y mundial.
Por su condición de hombre de mundo, él sí, sabía el significado del Cusco milenario, la valoración de esta ciudad milenaria en el extranjero, el parangón con otras culturas. Su obra estuvo alejada del localismo, y más bien alimentó ondas expansivas y ecos que remarcaban con intensidad el nombre del Cusco como el centro de la nacionalidad quechua, y como una de las culturas más importantes del mundo.
Junto a ese legado andino, el cual amaba tanto, estaba su intransigente y férrea lucha anti centralista; él sustentaba el atraso y la miseria de estos pueblos en la concentración del poder y la economía en Lima, la capital política.
Estrada fue, pues, un persistente luchador de la necesidad de una auténtica descentralización, que se distribuyera el poder y la economía en las regiones, pero sin perder la visión de país y que a partir de este proceso se construyera un Perú nuevo.
En el transcurrir de su vida política y la lucha por la descentralización, alimentado por una disciplinada y rigurosa formación teórica, mostraba una vasta producción de artículos y ensayos, cuya compilación sigue siendo hoy, un reto para la sociedad regional, camaradas, amigos y familiares.
Estrada nos dejó también la reivindicación de la ética en la política, porque para él, era inconcebible que, en un país empobrecido como el Perú, la corrupción, el narcotráfico y demás actividades ilegales, destruyeran sistemáticamente las instituciones, el medio ambiente y se afirmara el antivalor. Fue un hombre pulcro y transparente en el manejo de la cosa pública; de ahí que su gestión fuera intachable, limpia e incorruptible; esa es la herencia que nos deja, en un país que se pudre.
Daniel fue un hombre de principios, de una filiación y una fe, un socialista; principios por los que supo luchar, no solo para humanizar el capitalismo, sino para transformar el Perú en una sociedad más justa y democrática.
Daniel nunca arreó banderas, fue el ejemplo de la consecuencia en épocas duras, donde muchos se prestaron para acomodos políticos. Daniel supo hacer alianzas políticas, como el gran proyecto con Pérez de Cuéllar en Unión por el Perú. Se acercaba y construía frentes a partir de las coincidencias, afirmándolas, sin negar las diferencias. Asistía a estos hechos sin negar su identidad socialista, que era del reconocimiento de todas las tiendas políticas. Él era un hombre que entendió la política como un accionar de principios y transparencia.
Así fue Daniel, así lo recordaremos siempre. En la memoria colectiva de su pueblo será recordado como el hombre de la tenacidad, honestidad, transparencia y consecuencia por liberar a su pueblo del atraso y la pobreza.  
Recordando su vigésimo año de su partida, conmemoramos con diferentes actos culturales y políticos, reafirmando sus aportes y enseñanzas de una vida consagrada al servicio de su pueblo y que compartimos con él, en esa aventura política de construir una sociedad justa y democrática, con la esperanza de un nuevo mañana. 

Daniel, estarás presente siempre en nuestra memoria histórica y cotidiana, como un hombre cabal, de una filiación y una fe. Hasta siempre MAESTRO. 

Fte: La otra Mirada

martes, 24 de enero de 2023

Furia y democracia

 24. 01. 2023

Por: 

Alberto Adrianzén M.


"Se ha perdido todo sentido de humanidad. Las personas no son muebles que llenan inventarios y las desplazan de aquí para allá. En una organización (y en la vida), los recursos "humanos" deben ser mejor considerados sin importar la coyuntura, las órdenes superiores o los ánimos". Lo que reclama este tweet, cuya autora es una alta funcionaria de este gobierno, es un mejor trato, digamos más digno y humano; en ese sentido, podríamos sumarlo al reclamo de los cientos de miles de peruanas y peruanos que hoy demandan con fuerza un Perú distinto en el que se les reconozcan, también, dignidad e igualdad. Como es obvio está esta funcionaria ya renunció.

Mientras se expresa este ánimo radicalmente reivindicativo en diversos espacios y lugares del país, el clima que hoy se vive en el gobierno, especialmente en el Consejo de ministros, apunta a no escuchar estas demandas y menos aún negociarlas con los que hoy protestan. Una ministra (omito su nombre) exclamó de manera muy clara: "estamos en guerra" y en consecuencia hay que operar bajo esa definición. Lo mismo ocurre con un sector empresarial. El conocido empresario Ricardo Vega Llona dijo en canal N: "Nos están llevando a un enfrentamiento indeseable", para luego advertir que algunos empresarios están planeando, como en el pasado, la creación de grupos de autodefensa, algo así como "paramilitares”. La marcha por la paz, organizada por la policía, así como el surgimiento de curiosas asociaciones de empresarios y comerciantes autodenominadas “anónimas” en Arequipa, Madre de Dios, Tacna y Cusco, como señala Eduardo Ballón, están en esa lógica y son parte de la estrategia de uno de los lados.

Hace unos días un grupo de manifestantes cusqueños tenía como consigna principal: "ahora sí, guerra civil”, acercándose mucho a lo que hoy piensa un sector de la derecha y la ultraderecha (empresarial, política y civil) al plantear la posibilidad de crear grupos de autodefensas. Es decir, una suerte de "guerra civil" y la imposición de un régimen altamente represivo y conservador

Un dato importante de este momento es el incremento acelerado de la polarización cuanto de la violencia que se está desarrollando en todos los ámbitos: político, social, ideológico, familiar y microsocial, como también en la mayoría de regiones del país. Esto recuerda a Chile de 1973 y la polarización global que llevó a ese país a una férrea dictadura y a la derrota por varios años de la izquierda más grande, política y socialmente, de América Latina. Pero también trae a la memoria el clima político en Ecuador el 2005, previo a la caída de Lucio Gutiérrez. El Congreso apenas tenía tres puntos de aprobación y los parlamentarios no podían caminar por la calle porque los perseguían para pegarles (pienso en la bajísima aprobación de “nuestro” Congreso fragmentado y manejado por una derecha incapaz de negociar y por una izquierda que no tiene claro cuál es su camino).

Por todo ello ando pensando en estos días en la frase de mi gran amigo Carlos Tapia: “La guerra es el fin de la política”. La frase apareció en un contexto en donde la violencia, el anticomunismo brutal, el senderismo criminal y la muerte, eran lo “normal”; es decir, iba a contracorriente de aquella otra enunciada por el célebre militar alemán y teórico de la guerra Carl Von Clausewitz, que dice que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. La idea de Carlos Tapia de que la guerra es el fin de la política, además de cuestionar lo que era una tesis aceptada por la mayoría de la izquierda de esos años, sobre todo por una parte de ella que coqueteaba con la lucha armada, se sustentaba en que la guerra, al convertir a los adversarios en enemigos, hace imposible la democracia porque plantea como objetivo central el fin de tu “enemigo”, del otro distinto a ti. 

No se puede construir hoy día una nueva y mejor democracia, tampoco otra izquierda, como consecuencia de una guerra o de una extrema polarización, porque para hacerlo se requiere establecer un espacio donde sea posible establecer pactos que permitan resolver la crisis actual sobre la base de aceptar que existe un conflicto político, que se enfrentan sectores con intereses distintos y hasta contrapuestos. Cuando no es posible ese espacio ni son posibles los pactos, aumenta la violencia y la incertidumbre política, que no es otra cosa que la ausencia de reglas y de horizontes posibles, apareciendo (como siempre): la tentación autoritaria.

La historia en América Latina muestra que cuando se quiere hacer grandes cambios democráticos (o revoluciones) pero no se tiene la suficiente correlación de fuerzas hegemónicas y existe una alta polarización y no son posibles los acuerdos, el nuevo poder puede terminar por controlar las reglas o por generar lo que podemos llamar regímenes de excepción; es decir regímenes que legitiman su poder creando una legalidad que los mismos gobernantes construyen y enuncian.  Se abre lo que llamamos la tentación autoritaria, es decir un poder que se niega aceptar la pluralidad política. Las otras posibilidades son imponer una dictadura abierta, como fue en Chile con Pinochet y años después en la Argentina, o convivir con democracias precarias, gobiernos ineptos, contextos políticos conflictivos, con bajísima institucionalidad y ciudadanía, con alta corrupción, y actores políticos mediocres que tienen “vida política” cuando hay procesos electorales. En este contexto, el frustrado golpe de Pedro Castillo, provocado por sus gruesos errores y por el acoso permanente de una derecha que no aceptó su derrota electoral, fue un intento por crear un régimen de excepción.

Las posibilidades de que surjan dictaduras o “regímenes de excepción” crecen cuando no existe un "centro político estabilizador", que no es neutral frente al conflicto, siendo más bien  un actor político protagónico de carácter plural, capaz de disputar y ocupar un espacio en el conflicto, para derrotar a los extremos y crear las condiciones materiales de un pacto político mínimo que permita salir del dilema dictadura o régimen de excepción, que condena a la política a una permanente reiteración y a la democracia a una permanente mediocridad.

En nuestro caso, ese pacto mínimo debería establecerse sobre la base de un nuevo gobierno de transición que convoque a elecciones generales adelantadas para octubre de este año y un gabinete cuya composición refleje las demandas ciudadanas, así como una consulta ciudadana sobre la necesidad de una nueva Constitución; y una profunda investigación sobre los últimos asesinatos, las graves violaciones a los derechos humanos y un proceso de reparación para sus familiares y sanción a los culpables.

CODA

Alexis Tocqueville decía que, de todas las pasiones, el odio hacia el “antiguo régimen” era la mayor y que “no importa lo mucho que la gente sufrió y se estremeció, (ya que) en todo momento consideraron el peligro de un retorno del viejo orden como el peor de los males de su tiempo”. Me pregunto si estamos viviendo esa “furia” hacía un “antiguo régimen” que para la mayoría de peruanos se resiste a morir donde los principales responsables políticos que ello suceda son la derecha, el gobierno de Pedro Castillo, el partido que lo llevó al poder y una izquierda que hasta ahora no encuentra su propio camino. Si bien ese “antiguo régimen” ya no es el viejo sistema oligárquico al que Velasco puso fin décadas atrás, hoy sigue presente como una forma de “convivencia social” que divide a los peruanos, una economía que hace a las mayorías más desiguales y la existencia de unos señores y señoras que creen que siguen siendo los “dueños del Perú”. Por eso, lo más importante en este momento es transformar ese “odio” hacia el “antiguo régimen “en lo que podemos llamar “una furia democrática” capaz de inaugurar un nuevo futuro.

Por eso, de lo que se trata es de derrotar a los extremos que hoy controlan el Congreso y se niegan en la práctica a su clausura; a una elite que sueña con el golpe militar; a políticos que no escuchan al pueblo; pero también recordarle a la izquierda aquella frase de Lenin que dice “La revolución no se hace sino se organiza”. Es decir, se requiere darle sentido, continuidad y dirección a una espontaneidad que hoy es una “furia”, que es masiva y radicalmente democrática, que en cualquier momento estalla pero que al no encontrar alternativas de mediano y largo plazo sólo aspira a soluciones inmediatas y con ello a trasladar la crisis para otro momento, como ha sido hasta ahora y recordarnos que por ese camino no hay democracia ni igualdad.