sábado, 25 de noviembre de 2017

Ciencia y religión: Hoy más que nunca es necesario el diálogo interdisciplinar

11:00 p m| 24 nov 17 (RV/VI/BV).- “El futuro de la Humanidad, Nuevos desafíos a la antropología”, fue el tema de la última Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura que propuso un diálogo sobre el futuro de la humanidad, a través del análisis de los cambios antropológicos en tres ámbitos: la posibilidad de transformación del cuerpo a través de la medicina y la genética, las implicaciones éticas de la neurociencia, y las transformaciones sociales y antropológicas provocadas por el desarrollo de las máquinas.

La finalidad fue la de comprender mejor el contexto cultural de estos progresos científicos, y tener más luces sobre cómo gestionar la brecha que se abre entre el desarrollo de la ciencia y nuestra capacidad de entenderlo. El encuentro reunió laicos y religiosos, hombres y mujeres de ciencias y humanidades, para presentar el estado actual en estas temáticas y llevar el análisis al futuro. Radio Vaticano conversó con Francesc Torralba, profesor de Ética Aplicada de la Universidad Ramón Llull de Barcelona, quien fue uno de los relatores que abrió la plenaria.
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Documento del evento “Futuro de la humanidad. Nuevos desafíos a la antropología” (extracto)
Vivimos en una era de profundos cambios sociales y culturales, que las anteriores Asambleas Plenarias han procurado analizar y estudiar: los nuevos lenguajes y las nuevas gramáticas de la comunicación (2010), el universo juvenil y las nuevas culturas emergentes (2013), las nuevas formas de protagonismo de las mujeres en la cultura (2015). Sin embargo, los cambios más profundos no tienen que ver con este o aquel aspecto de la sociedad, sino que en juego están cuestiones antropológicas fundamentales, está el mismo ser humano. La Iglesia, para anunciar el Evangelio al hombre de hoy y presentar una propuesta cultural comprensible y creíble, no puede dispensarse de entrar en este debate.
Por eso, el objetivo general de la Plenaria es el de abrir un diálogo sobre el futuro de la humanidad, deteniéndose en particular en algunas cuestiones fundamentales tales como el concepto de naturaleza humana, la relación entre mente y cuerpo, el rol de la persona en una sociedad de máquinas pensantes. Estos son sólo algunos temas sobre los que consideramos sea más urgente focalizar la atención. En efecto, las últimas décadas han visto, entre otras cosas, extraordinarios avances científicos que tienen un impacto directo en la autocomprensión del hombre, en particular, en el campo de la genética, de las neurociencias y de la inteligencia artificial.
Estos avances tienen en potencia la capacidad de transformar radicalmente muchos aspectos de la vida humana y nos obligan a repensar el modo en que comprendemos la salud humana y el bienestar, físico y psicológico; a repensar también nuestra comprensión de la responsabilidad humana y del libre albedrío; y a considerar la aparición de máquinas en grado de exhibir formas de inteligencia, capacidades lingüísticas y de razonamiento, que en el pasado se consideraban como exclusivas de los seres humanos. Estos avances exigen no solamente una valoración moral, sino, más radicalmente, nos imponen la tarea de revisar las categorías antropológicas y éticas tradicionalmente usadas para expresar tales juicios de valor.
En un nivel más profundo, se pretende entender las finalidades, los objetivos y las motivaciones de quienes promueven la investigación científica. Es necesario dialogar con ellos para afrontar las cuestiones que tienen que ver con los presupuestos antropológicos y filosóficos, deteniéndose en su comprensión de los que significar ser “humano” y en la concepción de la vida humana y de la sociedad que está influenciando la dirección de su investigación. Esto resulta particularmente importante en un mundo donde la investigación es globalizada, pero no todos comparten las mismas tradiciones culturales y éticas que implica.
Estas suposiciones y concepciones son implícitas no explícitas y sin embargo son las premisas fundamentales que, reconocidas o no, en la realidad determinan los criterios éticos. Si no se examinan etas convicciones profundas y si no se someten a una reflexión crítica, gran parte de nuestro discurso ético está destinado a quedar superficial e improbable para buscar un consenso y un acuerdo.
Otro objetivo particular de la Plenaria es el de animar la diversidad de criterios de investigación y por tanto una síntesis interdisciplinar, en la que diversos puntos de vista sobre estos problemas puedan iluminarse mutuamente. Se trata de promover la conciencia de que las preguntas sobre el fututo de la humanidad y el impacto de la ciencia y de la tecnología necesitan recibir la atención de un público más amplio y no pueden ser cedidas exclusivamente a los científicos y a los tecnólogos. En efecto, no se trata solamente de juzgar los avances de la investigación científica, sino de establecer los criterios para decidir cuál orientación deba tener, sin basarse exclusivamente en criterios técnicos o económicos.
El encuentro se desarrolló en cuatro sesiones:
1) El mapa del territorio. Modelos antropológicos fundamentales
Nuevas corrientes de pensamiento ponen en discusión conceptos que parecían incuestionables, como la distinción entre los sexos, la relación de paternidad y maternidad, la dignidad de toda persona, la responsabilidad personal en nuestras acciones, la inmortalidad, la unicidad y la superioridad del hombre respecto a los animales. Se pretendió vislumbrar cuáles son los modelos antropológicos subyacentes en las nuevas ideologías y en los nuevos modelos culturales para estudiarlos y comprender sus dinámicas y así examinar los problemas éticos que tales corrientes culturales proponen.
2) Rediseñar la naturaleza humana: Medicina y Genética
Actualmente, ya sea en la perspectiva filosófica o ya sea en la tecno-científica ya no existe un único modelo de naturaleza aceptado universalmente. Cuestionar la concepción de la naturaleza ha traído consigo una sucesiva redefinición del hombre en sus tratados principales. Mirar “dentro” la biología de los organismos vivientes llevó al descubrimiento del DNA. Al mismo tiempo, los estudios sobre el DNA han llevado a la convicción de que se trate de un elemento esencial, aunque no rígido, sino más bien tan flexible al punto de ser modificable. Además, por un lado se está desarrollando la investigación dirigida a eliminar las enfermedades; por el otro, se hipotetiza el uso de la ingeniería genética para mejorar el genotipo humano de manera radical. ¿Los seres humanos reforzados serán parte de la especie homo sapiens? ¿Se formarán nuevas desigualdades entre individuos pertenecientes a la especie reforzada y los individuos “normales”? ¿Qué sentido tienen estas mutaciones dentro del diseño salvífico de Dios?
3) El hombre, entre cerebro y alma: Neurociencias
Son múltiples las interrogantes que constituyen el objeto de estudio de las ciencias neuro-cognitivas: la relación mente-cuerpo, el origen de la religiosidad, los fenómenos de constricción biológico-fisiológica del cerebro, la cuestión de las propiedades que surgen de la mente humana como la capacidad de actuar, sentir y creer. ¿Cuáles funciones del cerebro han de ser consideradas primarias: las reflexivas cuando el cerebro responde a impulsos momentáneos del exterior o las intrínsecas, concernientes al mantenimiento de informaciones para la interpretación, la respuesta e incluso la predicción de los impulsos ambientales?
4) En la sociedad de las máquinas pensantes: Inteligencia Artificial
La cuarta sesión de trabajo se concentró en el impacto de la llamada “digitalización” del futuro de la humanidad. Se examinó el potencial de los avances en el campo de la comprensión automática (machine learning) y de la inteligencia artificial que tienen el fin de transformar o de disturbar/disgregar (disrupt) los modelos ya consolidados de comportamiento y de actividades humanas. En una sociedad donde el trabajo se realiza fundamentalmente con las máquinas ¿qué sentido tiene hablar de trabajo como actividad mediante la cual el hombre se realiza? ¿Cómo podrá encontrar valor y sentido para su vida quien pierde el propio trabajo de tipo tradicional? Además, existe una creciente preocupación entre los estudiosos sobre el desarrollo de la “inteligencia artificial fuerte” (artificial general intelligence) o “strong AI”. Otros, con más optimismo, contemplan la posibilidad de una inteligencia artificial y de una tecnología que llevará al nacimiento de una nueva forma de súper-inteligencia y a un punto de “distinción” (singularity).
Para leer el documento completo que presenta todos los temas tratados en la plenaria, hacer click aquí.

Entrevista al profesor Francesc Torralba
Torralba abrió la plenaria trazando un mapa del territorio y de los modelos antropológicos fundamentales. A él le preguntamos en primer lugar cómo afrontó su introducción, y qué discusiones se abrieron a partir de ella:
Mi objetivo era presentar las distintas visiones del ser humano que hay hoy en nuestra cultura contemporánea, sobre todo para ver qué tipos de respuestas podemos dar desde la antropología cristiana y cuáles desafíos nos plantea.
Abordé cinco modelos, en los que hay una visión del ser humano por un lado materialista, es decir por un lado el ser humano es pura y simple materia en movimiento. Eso está muy presente en científicos actuales y se trata de ver cómo podemos responder a esta visión antropológica desde una visión del ser humano que es una unidad de cuerpo y alma, por lo tanto, en él hay una dimensión que no es material y que nos define como personas.
Hay también un modelo antropológico en nuestra cultura contemporánea, donde el ser humano puede ser mejorado biotecnológicamente, de tal modo que a través de chips, incrustaciones tecnológicas en nuestro cuerpo podemos mejorar nuestras capacidades visuales, auditivas, táctiles, olfativas, incluso de imaginación, inteligencia, memoria. Y eso es un desafío enorme para la antropología cristiana. Porque nosotros partimos de la idea que el ser humano es un ser que está en desarrollo, un ser que debe todavía culminarse, pero entendemos la tecnología más como un modo de curar patologías y carencias de la persona, no tanto como mecanismos, incluso para superar su finitud. Pensamos que el ser humano es un ser finito, limitado, frágil y que debemos aceptarnos como tales. En cambio éste es un desafío antropológico muy serio.
Y luego otro desafío muy serio es esta comprensión del ser humano como alguien que puede ser modificado genéticamente, en virtud de los deseos de los padres. Y claro, esto cambia mucho el sentido de paternidad – maternidad – filiación. Desde la antropología cristiana el ser humano es un ser dotado de dignidad pero no es nunca una propiedad, ni siquiera el hijo es propiedad, lo que significa que debe ser aceptado, cuidado y amado tal como es, no en virtud de sus características genéticas y de su capacidad o excelencia en la naturaleza.
-Una de las corrientes actuales que está poniendo en discusión conceptos que parecían incuestionables es el de la ideología de género. ¿Cuáles son los riesgos de borrar la diferencia sexual entre hombre y mujer?
Este es otro desafío que he tratado esta mañana. Creo que respecto a este punto hay una gran confusión, una cosa es reconocer la igualdad de derechos entre hombre y mujer, eso es algo evidente, nítido y claro, tanto en la declaración de los derechos humanos, como en la Doctrina Social de la Iglesia: la idéntica dignidad ante Dios. Otra cosa es la comprensión de lo masculino y femenino, y cómo se ha ido transformando en la historia.
En la antropología cristiana partimos de que hay una visión femenina, una comprensión y sensibilidad femenina, y una comprensión, sensibilidad y modo de ser masculino, y ambos modos configuran la complejidad de lo humano, se complementan, están hechos uno para el otro, y no pueden disolverse o simplemente reducirse a cero.
Entonces, en la ideología de género se parte de la idea que uno puede elegir u optar por su condición sexuada en virtud de su voluntad o interés, incluso puede cambiarla o alterarla a lo largo de su decurso vital. Nosotros, en cambio, partimos de que la sexualidad es un don, una maravilla, una expresión de la creación humana que no permite expresar el amor incondicional a alguien, es lenguaje, es fragilidad, pero es un don que recibimos. No una especie de opción que depende de nuestra voluntad, del tener una condición sexuada o el tener otra. Por lo tanto, una cosa es concebir la sexualidad como un rasgo de nuestro ser y otra cosa es concebirla como un elemento que optamos según nuestra voluntad. Aquí hay una diferencia sustantiva en el modo de comprender la condición sexuada.
-En ese sentido, siempre siguiendo palabras del Santo Padre Francisco, cancelando la diferencia sexual “se corre el riesgo de dar un paso hacia atrás”, porque “una sociedad sin diferencias de sexo vacía el fundamento antropológico de familia. ¿Cómo hacer frente a la discusión antropológica, siempre en el respeto la diversidad?
La clave es un debate de ideas, un debate social, es estar muy atentos a los razonamientos y argumentos que hay en la ideología de género, pero también estar muy atentos a los argumentos que han aportado grandes filósofos, filosofas, teólogos, teólogas a lo largo de la historia, y no sólo del siglo XX. Llevamos reflexionando sobre la masculinidad y la feminidad desde Platón, y estamos en el siglo XXI, por lo tanto, deberíamos estar muy atentos a todas esas comprensiones, que es una gran pluralidad de lo femenino y de lo masculino que se han articulado, también para ser capaces de auto críticas y para deshacer tópicos y prejuicios sobre un rol u otro.
A lo largo del siglo XX hemos roto muchos prejuicios. Había una serie de profesiones que se consideraban estrictamente femeninas. Había una serie de roles en la familia y en la vida social que se consideraban estrictamente masculinos: eso ha cambiado, eso se ha transformado. De hecho hay hombres que desarrollamos roles que nunca vimos en nuestros padres ni abuelos. Y hay mujeres que desarrollan roles en la vida social, política, económica, que nunca vieron nuestras abuelas y bisabuelas.
Por lo tanto debemos ser lo suficientemente humildes para ver cómo se está comprendiendo hoy socialmente lo masculino y lo femenino, pero por otro lado también defender que la masculinidad y la femineidad no son rasgos que tienen que ver puramente con lo biológico, con lo genital o con las áreas, digamos, sexuales del ser humano, sino que tiene que ver con una mirada, con un modo de estar, con una sensibilidad, y de hecho hay hoy quien habla de liderazgo femenino, de una ética femenina, de una feminización de las organizaciones, que introduce un punto de vista distinto que el clásico masculino, que generalmente ha sido el que ha ocupado las instituciones, las organizaciones.
Por lo tanto estamos delante de otro paradigma, de capacidad de descubrir lo bello, lo nuevo, lo rico que aporta cada una de esas polaridades en la vida humana, social, política y también en la vida eclesial, que el mismo Papa Francisco es muy sensible a ese tema, de intentar reconocer ese talento y aportación también ad intra, es decir, en el mismo marco de la Iglesia católica.
-Otro de los temas que serán abordados en este plenaria se relaciona con las implicaciones éticas producidas por la neurociencia. Por un lado se está desarrollando la investigación dirigida a eliminar las enfermedades; por la otra, se plantea la hipótesis del uso de la ingeniería genética para mejorar el genotipo humano de manera radical. ¿Según usted, es necesario replantearse las categorías antropológicas y la ética tradicional para ir en profundidad?
Lo que cabe y lo que es estrictamente necesario es acompañar este desarrollo científico y tecnológico con la reflexión ética y jurídica. ¿Y qué observamos? Observamos que hay una desproporción, una gran velocidad en el desarrollo científico y técnico, una extraordinaria aceleración y una gran lentitud ética y jurídica. Como consecuencia hay como dos ritmos, como una asincronía, que cuando uno empieza a debatir el último hallazgo biotecnológico, la última posibilidad, ya han aparecido cuatro problemas nuevos que la ética no está respondiendo. Por lo tanto lo que hay primero es una asincronía.
Y luego lo que hay una gran pluralidad de criterios éticos. Es decir, lo que se puede hacer en un laboratorio en China no se puede hacer en EE.UU., lo que se puede hacer en un laboratorio en Inglaterra no se puede hacer en Alemania, porque hay una pluralidad de órdenes jurídicos y también de sensibilidades éticas. Esto hace que como no tenemos una ética global, como no hay una ética planetaria, donde tengamos unos criterios compartidos, se pueden hacer experimentos, desarrollos, trasplantes, incluso de cerebros, debido a que en algún lugar del mundo simplemente no hay un marco legal que lo prohíba, y, por lo tanto, el científico que quiere desarrollar estas técnicas ya sabe dónde tiene que ir. Y por otro lado, cuando encuentre la patente la va vender para todo el mundo, y todo el mundo querrá disfrutar de esa aportación.
Por lo tanto más que nunca hoy es necesario el debate en los medios, en los periódicos, en la televisión, en las universidades por supuesto, y el diálogo interdisciplinar, que es algo que ha subrayado el cardenal Gianfranco Ravasi, es decir, no se trata de desarrollar sólo una aproximación mono disciplinar, como una línea paralela, sino que hay interacción, que es lo que hacemos aquí, entre científicos, biólogos, neurocientíficos, filósofos, teólogos, sociólogos, psicoanalistas, para tratar de ver la complejidad de la cuestión y sobre todo un uso prudencial de esos descubrimientos.

“La ciencia tiene límites que respetar por el bien de la humanidad”
Las actividades científicas no deben tener “como lógica la prepotencia”. La ciencia tiene límites que debe respetar. El progreso de la genética son algo bueno, pero hay que tener cuidado con el peligro de llegar a la programación del ser humano. Lo afirmó el Papa Francisco durante la audiencia de hoy, 18 de noviembre de 2017, por la mañana a los que participaron en la plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura, dedicada al tema “El futuro de la humanidad: nuevos desafíos a la antropología”.
La medicina y la genética “nos permiten ver dentro de la estructura más íntima del ser humano e incluso intervenir para modificarla. Ellas nos hacen capaces de derrotar enfermedades consideradas incurables hasta hace poco tiempo; pero también abren la posibilidad de determinar a los seres humanos ‘programándonos’, por así decir, algunas cualidades”, subrayó el Pontífice al dicasterio guiado por el cardenal Gianfranco Ravasi.
El Papa Francisco habló también sobre los robots: “los progresos increíbles de las máquinas autónomas y pensantes, que ya en parte se han convertido en componentes de nuestra vida cotidiana, nos llevan a reflexionar sobre lo que es específicamente humano y nos hacen diversos de las máquinas”.
Y después exhortó: la ciencia que encuentra su fundamento último en el plan de Dios”, que “nos encomendó el cuidado de la Creación, debe seguir la lógica de la gratuidad y del amor, del servicio y no la del dominio y de la prepotencia”.
El obispo de Roma invita a “expresar nuestra gratitud a los hombres y a las mujeres de ciencia por sus esfuerzos y por su compromiso a favor de la humanidad. Este aprecio de las ciencias, que no siempre hemos sabido manifestar, encuentra su último fundamento en el plan de Dios”.
Pero cuidado, recordó Francisco: la ciencia y la tecnología “nos han ayudado a profundizar los confines del conocimiento de la naturaleza, y en particular del ser humano. Pero ellas solas no son suficientes para dar todas las respuestas. Hoy nos damos cuenta que es necesario volver a los tesoros de la sabiduría conservados en las tradiciones religiosas, en la sabiduría popular, en la literatura y en el arte, que tocan en profundidad el misterio de la existencia humana, sin olvidar, es más, redescubriendo aquellos contenidos en la filosofía y la teología”.
El Papa subrayó que sigue siendo válido, y lo será siempre, “el principio de que no todo lo que es técnicamente posible o factible es por eso mismo éticamente aceptable. La ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que respetar por el bien de la humanidad misma, y necesita un sentido de responsabilidad ética”. El Papa después citó a su predecesor Pablo VI: “La verdadera medida del progreso es la que mira al bien de cada hombre y de todo el hombre”.
Por ello es necesario “superar la trágica división entre las “dos culturas”, la de la cultura humanístico-literaria-teológica y la cultura científica, que lleva a un recíproco empobrecimiento, y hay que impulsar un mayor diálogo también entre la Iglesia, la comunidad de los creyentes y la comunidad científica”. La Iglesia, por su parte, “ofrece algunos grandes principios para sostener este diálogo. El primero es la centralidad de la persona humana, que debe ser considerada un fin y no un medio”.
Los cambios vinculados con la tecnología y la ciencia “inducen a algunos a pensar que nos encontramos en un momento singular de la historia de la humanidad, casi en los albores de una nueva era y del nacimiento de un nuevo ser humano, superior al que hemos conocido hasta ahora. Son, efectivamente, grandes y graves las preguntas y las cuestiones que debemos afrontar”. Estos argumentos “han sido anticipados, en parte, por la literatura y las películas de ciencia ficción, eco de miedos y esperanzas de los hombres. Por ello, la Iglesia, que sigue con atención las alegrías y las esperanzas, las angustias y los miedos delos hombres de nuestro tiempo, quiere poner a la persona humana y las cuestiones con ella relacionadas al centro de las propias reflexiones”.
El Papa también lanzó un llamado para que los avances del conocimiento no aumenten las desigualdades: “Es necesario recordar” el “destino universal de los bienes, que tiene también que ver con los del conocimiento y de la tecnología. El progreso científico y tecnológico sirve al bien de toda la humanidad y sus beneficios no pueden dar ventajas solamente a pocos. De esta manera, se evitará que el futuro añada nuevas desigualdades basadas en el conocimiento, y que aumente el abismo entre los ricos y los pobres. Las grandes decisiones sobre la orientación de la investigación científica y las inversiones en ella —pidió el Pontífice—deben ser asumidas por el conjunto de la sociedad y no deben ser dictadas solamente por las reglas del mercado o por el interés de pocos”.

Fuentes:
Radio Vaticano / Vatican Insider

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