lunes, 9 de abril de 2018

Mi segunda despedida de Lula

Frei Betto
Frei Betto*.- A las 7 de la mañana del viernes 6 de abril desperté a Lula, que dormía en un cuarto improvisado, sobre un colchón tendido sobre el suelo, en la sede del sindicato de los metalúrgicos del ABC, en São Bernardo do Campo. Fui a despedirme de mi amigo, pues tenía un vuelo reservado para las 10.

Recordamos que hace 38 años, también en abril, yo dormía en su casa cuando los policías del Departamento Estadual de Orden Político y Social (DEOPS) fueron a detenerlo por liderar la huelga de los metalúrgicos contra la dictadura militar.
En tiempo de intolerancia, recuerdo siempre la lección de que el odio es un veneno que se toma con la esperanza de que el otro muera... Por formación y por principios cristianos, no confundo la amistad con la divergencia de ideas. En mi familia hay personas de diferentes ideologías y profesiones, incluso generales y banqueros. De los implicados en el Lava Jato, visito también a Otávio Melo Azevedo, expresidente de la Andrade Gutierrez, mi vecino de adolescencia en Belo Horizonte; y a José Carlos Bumlai, quien participó activamente en Hambre Cero cuando, a inicios del gobierno de Lula, coordiné con Oded Grajew la movilización social.
A pesar de mis críticas a los gobiernos del PT (muy anteriores al descubrimiento del mensalão),[1] contenidas en los libros A mosca azul – reflexão sobre o poder y Calendário do poder, ambos publicados por la editorial Rocco, la amistad de cuarenta años entre Lula y yo nunca se interrumpió.
De los valores evangélicos aprendí que las personas no son discriminables, aunque no se esté de acuerdo con sus ideas y sus actos. En especial cuando se encuentran en dificultades. Esa fue la actitud de Jesús con la mujer adúltera y el rico Zaqueo, con Magdalena "poseída por siete demonios" y el centurión romano ocupante de Palestina, entre otros.
Lula demostraba serenidad. Me preguntó por la familia y por amigos comunes, incluido Ricardo Kotscho, a quien quiso despertar para conversar por teléfono.
Me dijo que no se presentaría en Curitiba. Que viniera la policía a buscarlo. Considera prepotente la orden de prisión emitida por el juez Sérgio Moro cuando todavía no se habían agotado las medidas procesales adoptadas por la defensa.
Recordó que cuando lo detuvieron en 1980 se sintió más inquieto que ahora. Entonces no tenía idea de hacia dónde lo conducían los policías de la represión. En el trayecto entre su casa, situada en São Bernardo do Campo, y la cárcel del DEOPS en Sao Paulo, en la Via Anchieta había una niebla espesa.
Se sintió aliviado cuando escuchó, en la radio del auto policial, la noticia de su prisión, divulgada por Paulo Evaristo Arns, cardenal arzobispo de Sao Paulo y Cláudio Hummes, obispo de Santo André, a quien yo había telefoneado en cuanto los policías se lo llevaron.
Este viernes, al igual que en 1980, oramos juntos. Y recordamos que al día siguiente sería el cumpleaños de Marisa, su compañera durante 43 años. (Traducción de Esther Perez)
[1] Nombre dado por la prensa al caso de corrupción que involucró a personalidades públicas del PT. Se les acusó de cambiar sobornos por apoyo político (N. de la T.).
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* Frei Betto es fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.
Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años. Autor, entre otros libros, de Un homem chamado Jesus (Rocco).
www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.
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Vía SIGNIS

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