sábado, 17 de noviembre de 2018

Roque Paloschi: "El sinodo ayudará a percibir los signos de la presencia de Dios en medio de los pueblos amazónicos"

"El Papa Francisco es alguien que está preocupado por los pueblos originarios"

"Nosotros partimos de un rostro muy concreto, el rostro de los pueblos amazónicos"
(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Brasil es un país donde "la situación de los pueblos indígenas es lamentable", según Monseñor Roque Paloschi, presidente del Consejo Indigenista Misionero - CIMI y miembro del Consejo Presinodal del Sínodo de la Amazonía, donde el gobierno no respeta de hecho lo que la propia Constitución de 1988 reconoce como derechos de los pueblos originarios, negándoles los derechos fundamentales y persiguiéndoles.

En esa situación, el Sínodo de la Amazonía puede ayudarnos, según el arzobispo de Porto Velho, Rondonia, "a tener una conciencia más regional de las alegrías, de las esperanzas, pero también de los sufrimientos de los pueblos de esta región", donde la Iglesia debe "crear una conciencia del cuidado de la creación y, sobre todo, del compromiso con los hijos de esta tierra".

Por eso, debemos aprender con los pueblos indígenas. En ese sentido, Monseñor Roque Paloschi insiste en dos campos, la relación armoniosa con la creación y la sobriedad feliz. Junto con eso, el respeto por los más frágiles, niños y ancianos. No podemos olvidar "que antes de evangelizar tú eres evangelizado", como nos recuerda el Presidente del CIMI, por lo que "debemos reconocer el mensaje de Dios presente en medio de los pueblos de esta región amazónica", para lo que es necesario "un proceso de aprendizaje, de valorización, de inculturación, de no quedarse sólo en el nuestro modo de ver las cosas..., de desnudarnos un poco y aceptar también la necesidad de percibir que la tradición de los pueblos indígenas puede ayudarnos para una espiritualidad mucho más encarnada", según Monseñor Paloschi.

El arzobispo de Porto Velho reconoce que existe "una actitud de acogida y sobre todo de profunda sintonía" entre el Papa Francisco y los pueblos amazónicos, que son el punto de partida de la reflexión del Sínodo de la Amazonía, una actitud que se entronca con el Vaticano II y que va a ayudar a "percibir los signos de la presencia de Dios en medio de esos pueblos".
Usted forma parte del Consejo Pre-sinodal del Sínodo de la Amazonia, ¿qué es lo que puede suponer ese sínodo para la Iglesia universal y de la propia Amazonía?
En primer lugar, puede ayudarnos a tener una conciencia más regional de las alegrías, de las esperanzas, pero también de los sufrimientos de los pueblos de esta región Pan-amazónica, una región bonita, encantadora, pero que ha sido destruida de manera violenta. La Iglesia puede ayudar a crear una conciencia del cuidado de la creación y, sobre todo, del compromiso con los hijos de esta tierra.

En segundo lugar, la Iglesia también puede decir a otras partes del mundo, a través del Sínodo, que es posible mirar de manera más particular determinadas situaciones que se viven en regiones del mundo, lo que pide a la Iglesia una mirada más amorosa, una mirada más misericordiosa, más cercanía, de ternura con las personas, con la creación y con los sueños de los pueblos de aquí.

¿Cuál es hoy la situación de los pueblos indígenas en Brasil?
La situación de los pueblos indígenas es lamentable, porque no sólo están rodeados por el agro-negocio, por grandes proyectos de infraestructura, carreteras, hidrovías, represas, hidroeléctricas, como que están rodeados por tantos proyectos de ley que no hacen viable la perspectiva de concretar los artículos 231 y 232 de la Constitución de 1988. La situación de los pueblos indígenas es desesperante en la medida en que crece de manera sistemática una reacción del poder legislativo, del poder ejecutivo, del desmonte, por ejemplo, de los órganos que tendrían la misión de concretar los derechos de los pueblos originarios, y también el propio poder judicial con esa gran lucha que estamos teniendo en la cuestión del marco temporal, que es una cuestión muy complicada.

La cuestión del estatuto del indio, que no va hacia adelante, ni hacia atrás, y todo eso, va creando una situación de descrédito y desesperanza, pero los pueblos indígenas tienen esa conciencia que ya proclamaron en el año 2000. Sus movilizaciones a nivel nacional, que de modo especial tienen mucha incidencia en Brasilia, en los órganos del gobierno, han ayudado a mantener vivo el sueño de un camino que ellos quieren recorrer y tienen el derecho de hacerlo, pero desafortunadamente la sociedad brasileña les impide hacer ese camino.

¿Podemos decir que la sociedad y el gobierno brasileño persiguen a la población indígena?
Se puede decir tranquilamente, porque cuando se niegan los derechos fundamentales, cuando se alimenta el odio a través de los medios de comunicación, es una persecución. Cuando se intentan crear todas las barreras para que los pueblos indígenas no realicen su proyecto, no son respetados, no son consultados, lo que va creando barreras, impidiendo a los pueblos indígenas el poder realizar ese sueño que el estado brasileño quiso con la Constitución de 1988, alimentar su derecho de autodeterminación y también de educación diferenciada, salud, y así sucesivamente. El reconocimiento que sus tierras son de ellos, que necesitan ser respetadas, no invadidas, divididas y contaminadas por las minas legales e ilegales, por los grandes proyectos, por el agro-tóxico de sus tierras que son arrendadas contra la propia constitución.
¿Qué es lo que la sociedad brasileña podría aprender de los pueblos indígenas?
La Laudato Si nos da una sugerencia muy importante, primero esa relación armoniosa con la creación, según el camino de una sobriedad feliz. Nosotros vivimos movidos a producir, producir, consumir, consumir y vamos a llenar todo de basura. Las comunidades indígenas pueden ayudarnos a ello, sobre todo a una vida de una profunda armonía entre todas las edades. En una comunidad indígena no se ve a un niño abandonado, no se ve tampoco a ancianos rechazados, tienen todo un camino mucho más de armonía, de respeto y de compromiso con ellos.

¿Cómo el Consejo Indigenista Misionero está haciendo ese trabajo de apoyo, de acompañamiento y de escucha de los pueblos indígenas?
En cada regional se están dando pasos. En la asamblea del CIMI Rondônia se oyó a los pueblos indígenas, a partir de los textos del Sínodo y luego se van dando pasos también en la perspectiva de las propias comunidades, lo que nosotros diríamos hoy en las aldeas, donde también se va a tener esa oportunidad, con la perspectiva de que realmente ellos sean los protagonistas de ese Sínodo. Los pobres de esta tierra necesitan ser oídos.

Escuchar es la actitud fundamental que el Papa Francisco está proponiendo para el Sínodo de la Amazonia. ¿Hasta qué punto esto puede cambiar la forma de la Iglesia, más acostumbrada a enseñar, a decir, a hablar que a escuchar?
Este es el dilema, porque nosotros tenemos esa conciencia, que es un camino de dos direcciones. En la práctica nos falta esa capacidad, esa humildad de percibir que las visiones del otro pueden ayudarnos. Creo que es un aprendizaje que vamos a tener que hacer, seamos los obispos, sea la Iglesia como un todo, los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, tenemos que hacerlo.
Pero eso es un proceso que los documentos de la Iglesia muestran, que antes de evangelizar tú eres evangelizado. Y eso, tal vez, tenemos que empezar a vivirlo de manera más eficaz, sabiendo del mensaje de Dios presente en medio de los pueblos de esta región amazónica, sean los pueblos originarios, sea también los pueblos quilombolas (descendientes de esclavos), las comunidades ribereñas, las comunidades del bosque .






Una de las reclamaciones que se escuchan en las comunidades de la Amazonia en referencia a la Iglesia es que la presencia es muy limitada. ¿Cómo aprender a caminar sin reloj, a no medir el tiempo de una manera occidental en el trabajo pastoral de la Iglesia católica en las comunidades de la Amazonia?
Creo que el Sínodo puede ayudarnos, más que nada, a tener esa certeza de que hay un camino hecho y la Iglesia necesita también, digamos, la perspectiva de muchos ministerios que pueden ser confirmados y pueden ser vivenciados en las propias comunidades. La experiencia de las primeras comunidades con Pablo era así. Entonces creo que también tenemos líderes en las comunidades que tendrían condiciones de dar pasos para vivir más esa dinámica. Cuando se habla de Iglesia, se habla mucho de la presencia del ministro ordenado. Sólo que en las actuales condiciones el número de ministros ordenados es muy reducido. Entonces no hay milagros. Yo tendría esa comprensión de que a veces es preferible ir menos veces y quedarse más tiempo, que ir muchas veces sin tiempo.

Habla de ministerios, ¿cómo traer los ministerios propios de la espiritualidad indígena, como son aquellos que imparten bendiciones, los chamanes, para la espiritualidad cristiana, cómo asimilar esos ministerios, que forman parte de la vida de las comunidades, dentro de la vida de la Iglesia católica?
Esto exige en nosotros un proceso de aprendizaje, de valorización, de inculturación, de no quedarse sólo en nuestro modo de ver las cosas. Necesito llegar al punto oportuno, al alma, para poder percibir que hay toda una espiritualidad que contribuye a la armonía, a la vida de la comunidad, que no pasa por el ministro ordenado sino que es alimentada a través de los líderes, como chamanes y otros líderes de las comunidades indígenas . Y eso tal vez, supone tener la valentía de desnudarnos un poco y aceptar también la necesidad de percibir que la tradición de los pueblos indígenas puede ayudarnos para una espiritualidad mucho más encarnada.

En su contacto con los pueblos indígenas, ¿ha percibido cuál es la visión de los pueblos indígenas en referencia al Papa Francisco?
Es una visión profundamente de respeto, porque sienten que el Papa Francisco es alguien que está preocupado por los pueblos originarios. Es una actitud de acogida y sobre todo de profunda sintonía con lo que el Papa ha presentado como el proceso de una Iglesia que necesita ser en salida, necesita ser una Iglesia comprometida con la vida y con los sueños de los más pequeños de esta tierra.

La mayoría de los miembros del Consejo Pre-sinodal son latinoamericanos. ¿Cómo conjugar esa visión latinoamericana de la teología, de la vida, de la Iglesia, con una visión vaticana de cara al Sínodo y a la exhortación sinodal?
Pienso que es caminando que se construyen caminos, no tenemos una receta lista. Creo que tenemos que tener la valentía de una búsqueda sincera, de un diálogo abierto, respetuoso, pero sobre todo no olvidar el punto de partida, que es lo que también es fruto del Vaticano II, los sueños, las esperanzas, alegrías y tristezas de los hombres y de las mujeres de hoy, son los sueños, las esperanzas, las alegrías y tristezas de la Iglesia de Jesús.

Nosotros partimos de un rostro muy concreto, el rostro de los pueblos amazónicos. Creo que el camino sinodal nos ayudará sobre todo a percibir los signos de la presencia de Dios en medio de esos pueblos, y también lo que Dios pide para la Iglesia de Jesús aquí en esta realidad amazónica, con todo lo que tiene de bonito, pero también con todo aquello que nos pregunta, nos interpela para dar los pasos sinodales, sea en el ámbito interno de la Iglesia, sea también en la realidad del mundo que nos rodea.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario