miércoles, 23 de mayo de 2018

Mons. Pedro Barreto SJ, entre los nuevos cardenales creados por Francisco

5:00 p m| 22 may 18 (VI/VN/RD).- En una designación histórica, por ser la primera vez que el Perú contará con dos cardenales, Mons. Pedro Barreto Jimeno SJ, arzobispo de Huancayo y Primer Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, pertenece ahora al Colegio Cardenalicio. Muy identificado con las problemáticas de la Amazonía, desde su posición como Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica es una de las voces que encarna con mayor fuerza el tema de la defensa del medio ambiente como un camino para el desarrollo que respete a los pueblos indígenas.

Y siguiendo con la línea de universalizar la Iglesia, además de Mons. Barreto, el Papa ha creado otros 13 cardenales de cuatro continentes. En el anuncio del 20 de mayo figuran entre otros el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Fernando Ladaria (España), el Patriarca caldeo Luis Rafael Sako, y Toribio Ticona Porco, sacerdote emérito de Corocoro (Bolivia). El consistorio será el próximo 29 de junio.
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Como siempre, sorpresivamente, sin que los nombrados estuvieran al corriente, manteniendo hasta el final el secreto de la lista de los nuevos purpurados para evitar fugas de noticias. El Papa Francisco anunció el domingo 20 de mayo, fiesta de Pentecostés, un nuevo Consistorio para la creación de 14 nuevos cardenales: 11 de ellos son electores, con menos de ochenta años, por lo que podrán votar en un eventual Cónclave.
Inaugura la lista el patriarca caldeo Sako, un nombramiento significativo en el panorama del Medio Oriente. Reciben la púrpura sorpresivamente el limosnero Konrad Krajevsky y el Sustituto de la Secretaría de Estado, Angelo Becciu, este último será llamado en las próximas semanas a encargarse de un nuevo puesto en el Vaticano.
El nombre más significativo para América Latina está muy identificado con la Amazonía. Oriundo de Lima, el padre Barreto primero fue vicario en Jaen (2001), y después, el 2004, fue nombrado arzobispo de Huancayo. Maduró un magisterio valiente sobre la defensa de la Creación al estar en contacto con los pueblos que viven en la Selva y lanzó la idea de una mesa de negociación “para una solución integral y sostenible para la cuestión medio ambiental”. Una postura con varios riesgos, en un país en el que los ambientalistas son amenazados sin demasiados escrúpulos.
El arzobispo de Huancayo fue presidente de la Comisión Justicia y Paz del Celam (Consejo de los Episcopados de América Latina), y es vicepresidente de la Repam (la Red Eclesial Pan-amazónica), fundada y presidida por el cardenal brasileño Claudio Hummes, prefecto emérito de la Congregación para el Clero. No es casual, pues, que el nombre de Barreto ya figurara entre los miembros del Consejo pre-sinodal elegido por Francisco para la preparación de la cita de 2019, durante la que se reflexionará sobre la Amazonia y “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Mons. Barreto es el quinto cardenal de toda la historia del Perú, pero es el primero que no es de Lima.
El resto de los nuevos purpurados, que recibirán el birrete de manos de Francisco durante el próximo Consistorio, que será el próximo 29 de junio: Luis Ladaria Ferrer, jesuita español que desde el primero de julio de 2017 es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Angelo De Donatis, Vicario de Roma; Joseph Coutts, arzobispo de Karachi, Paquistán; Antonio dos Santos Marto, portugués, obispo de Leiria-Fátima; Désiré Tsarahazana, arzobispo de Toamasina, Madagascar; Giuseppe Petrocchi, arzobispo de L’Aquila, Italia; Thomas Aquino Manyo Maeda, arzobispo de Osaka, Japón; Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito mexicano; Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro, Bolivia; y el padre Aquilino Bocos Merino, de los misioneros claretianos, el único que no es obispo de entre todos los nombramientos anunciados.

Barreto, el pastor peruano
José Enrique Rodríguez SJ, publicado en El Comercio
Pedro Barreto tiene conocimiento del Perú. Lo ha recorrido de frontera a frontera, como párroco en Tacna, y luego en la provincia de San Ignacio, siendo obispo del Vicariato de Jaén (Cajamarca). Ha trabajado en Ayacucho y Lima, y en los últimos años como pastor en la Iglesia de Huancayo.
Pedro vivía en la esquina de los jirones Miró Quesada con Azángaro, a una cuadra de San Pedro, la iglesia de los jesuitas y también de El Comercio. Caminaba cada día hasta la avenida Colmena, al Colegio de la Inmaculada. En aquella época se distinguía por su buen carácter y espíritu solidario. También por el juego fuerte en los partidos de fulbito.
El padre Augusto Vargas Alzamora, entonces sacerdote recién ordenado, lo acompañó en el proceso para ingresar a la Compañía de Jesús. A la señora Elvira, mamá de Pedro, no le hacía gracia que el segundo de sus seis hijos se fuera de jesuita, pero se rindió ante las evidencias de su decisión.
Si buscamos el adjetivo más apropiado para sus valores, formas y estilo, podemos decir que es la bonhomía evangélica. Cuando en el 2001 fue electo obispo de Jaén, tuvo la ocasión propicia para acercarse a la realidad cisandina desconocida para la mayoría de peruanos: la Amazonía.
El lema “en todo amar y servir” del distintivo episcopal de Pedro fue anuncio de su preocupación de pastor, concretada en todo lo opuesto a las políticas que promueven la explotación irrestricta de los bosques, la extracción minera incontrolada y la desaparición de los pueblos originarios.
Los años en el Alto Marañón fueron su noviciado episcopal. No fue fácil para él adaptarse a la problemática medioambiental. Duro aprendizaje cuajado de malentendidos e inclusive amenazas. La elección del papa Francisco en el 2013 encontró a Barreto ducho en asuntos relacionados a los derechos humanos. No desde perspectivas ideológicas controversiales, sino desde la única perspectiva que siempre ha decidido promover: la buena noticia del Evangelio.
La sintonía entre el obispo de Roma y el nuevo cardenal de la Iglesia nos acerca a los peruanos a un nuevo aprendizaje, dirigido a reconocer las auténticas fronteras vivas del Perú en los pueblos de la Amazonía, a repensar el mito de “la tierra sin mal” como utopía posible.

¿Qué impacto tiene para el Perú el tener un nuevo cardenal?
Radio Cutivalú conversó con el coordinador de la Plataforma Jesuita de Piura, Víctor Hugo Miranda S.J., quien analizó la designación del arzobispo de Huancayo como nuevo cardenal del Perú.
-¿Qué significa para nuestro país tener un nuevo cardenal?
Es un momento histórico para el Perú. Tradicionalmente la Iglesia en términos geográficos está divida en diócesis o arquidiócesis. La cabeza de una de ellas es el obispo o arzobispo. Esa es la organización de la Iglesia.
Pero también existen los títulos que se otorgan en el interior de la Iglesia católica. Uno de ellos es el de Cardenal, títulos que a veces coincide o no, con algún cargo de quien ha sido designado. Por ejemplo, en algunos casos se le concede a algún personaje de la Iglesia o a teólogos mayores que no necesariamente son obispos o arzobispos.
-En el caso del Perú, el haber designado un nuevo cardenal ¿significa que va a reemplazar al actual cardenal Juan Luis Cipriani?
En la historia del país, siempre ha habido un solo Cardenal. Y este título ha estado asociado al cargo del Arzobispado de Lima, es decir, se designaba un nuevo arzobispo de Lima, y al poco tiempo, se le nombraba cardenal. Por eso la creación de un nuevo cardenal es una cosa nueva en el Perú, en ese sentido, es histórico, porque es la primera vez que habrá dos cardenales en el Perú.
-Sobre todo porque tradicionalmente el cardenal ha sido de Lima, la capital, pero ahora es un cardenal de Huancayo.
Sí. Ahora nombran al arzobispo de Huancayo. Ahora tenderemos en el Perú dos cardenales. Hay países donde hay más cardenales. Por ejemplo, Italia, Brasil.
-¿Y cuál es el significado de crear un nuevo cardenal en el Perú?
Yo creo que responde a la última visita del Papa Francisco a nuestro país. Él ha escuchado, ha visto nuestra realidad. Creo que es una manera de ampliar las posibilidades de la Iglesia peruana. Por otro lado, ser cardenal es un título, no tiene una función específica como el de gobierno diario de los obispos o arzobispos. La función del cardenal es la de un consejero para el Papa en determinados temas, además de formar el Cónclave para elegir el Sumo Pontífice.
En ese sentido, el Papa busca ampliar la perspectiva de sus consejeros. Cuando tenga que escuchar a los cardenales del Perú, habrá dos que le pueden dar una visión más amplia de la realidad peruana.
Leer aquí la entrevista completa.

Configuración del Colegio Cardenalicio
Con el anuncio de la creación de nuevos cardenales el próximo 29 de junio, Francisco consigue, en apenas cinco consistorios, dar la vuelta al Colegio cardenalicio. Así, dentro de un mes, los cardenales electores pasarán a ser 125 (Angelo Amato cumple 80 el 8 de junio), cinco más del límite señalado por Juan Pablo II, de los que 59 habrán sido creados por Francisco, por 46 de Benedicto XVI y apenas 18 de Juan Pablo II.
Los cardenales “franciscanos”, así, suponen casi la mitad de los participantes de un futuro cónclave. Una mayoría que, dentro de un año, será absoluta, puesto que otros diez purpurados dejarán su condición de electores (1 de Wojtyla, 6 de Ratzinger y 3 de Bergoglio), con lo que, en caso de nombrar igual número de cardenales, los designados por el actual Papa supondrán el 54% del total. Apenas a seis de los dos tercios.
Los datos son relevantes, toda vez que las reformas emprendidas por Francisco han de tener continuidad en sucesivos pontificados, por lo que resulta imprescindible “asegurar” que el sucesor de Bergoglio, llegado el momento, culminará la apuesta por una Iglesia “en salida”, defensora de los pobres y que trabaje decididamente por la sinodalidad.
También, una Iglesia universal, representada en un Colegio cardenalicio cada vez menos europeo y con una creciente presencia de América y Asia. Así, a partir del 29 de junio, y aunque el Viejo Continente seguirá siendo mayoritario (con 53 electores), América ya contará con 35 purpurados (17 de América del Norte, 5 de la Central y 13 de América del Sur), mientras que Asia supera a África (17 cardenales por 16 del continente negro), por 4 de Oceanía.
Un cónclave mucho más universal y, lo que es más importante, abierto a la Iglesia del futuro, cada vez menos “romana” y con una fuerte presencia de las periferias. De ello dan fe algunos de los últimos nombramientos, como el de Pedro Barreto (Perú), los arzobispos de Karachi o Madagascar, o el patriarca Sako de Irak.
Aunque Francisco goza de buena salud, y nada hace indicar en una renuncia a corto plazo, lo cierto es que un buen gobernante debe pensar en el presente, con un horizonte de futuro. Y es lo que está haciendo Bergoglio: gestionar los procesos de comunión en la Iglesia, escuchando la voz de los desfavorecidos; pensar en todos los bautizados, presentes en cualquier rincón del mundo, con sus formas de sentir y de vivir la fe; y pensando en un mundo cada vez más global que sigue haciéndose preguntas sobre la justicia y la espiritualidad. Este Papa gobierna y siente. Y, cada vez más, el colegio cardenalicio va representando a todos los fieles.

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Fuentes:
Vatican Insider / Revista Vida Nueva / Religión Digital / Vatican News

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