miércoles, 24 de enero de 2018

Yesica Patiachi, la valiente voz de las comunidades nativas amenazadas

Emotivo discurso frente al Papa. Ella es madre soltera, profesora de secundaria y descendiente del pueblo originario de los harakbuts. “Los nativos somos los sobrevivientes de muchas crueldades e injusticias”. Su discurso conmovió al Papa.
Mensajera. Yesica Patiachi habló solo 2 minutos y medio, pero fue suficiente para conmover al Papa y a los peruanos. Su voz impactó en Francisco.
Lleva el rostro pintado en señal de respeto a la naturaleza, luce una corona blanca y amarilla tejida con yanchama (corteza de árbol) y plumas de guacamayo y águila. Su cabello es largo, de un negro intenso como el petróleo que mancha los ríos de la selva, y ahora, a las 10:50 de la mañana del viernes 19 de enero de 2018, respira con nerviosismo.
Su corazón late a mil por hora. Pero su mirada es firme. El Coliseo Cerrado de Puerto Maldonado revienta, es multicolor, de todas las lenguas. De repente, Yesica Patiachi Tayori, de 31 años, descendiente del pueblo originario de los harakbuts, logra tener la atención del papa Francisco.
“Los nativos de la Amazonía somos los sobrevivientes de muchas crueldades e injusticias. Nuestros hermanos indígenas sufren por las explotaciones de los recursos naturales. En la actualidad, muchos foráneos invaden nuestro territorio: cortadores de árboles, buscadores de oro, compañías de petróleo, los que abren trochas para abrir caminos de cemento. Ellos entran a nuestro territorio sin consultarnos y sufriremos mucho y moriremos cuando perforen la tierra para sacar el agua negra metalizada; cuando envenenen y contaminen nuestros ríos convertidos en aguas de la muerte. Su llegada (Papa) nos hace recordar al pueblo harakbut, al Padre Apaktone, el misionero dominico José Álvarez Fernández que vino (a Madre de Dios) por nosotros cuando estábamos desapareciendo, por eso hoy estamos vivos y seguimos resistiendo. El espíritu de nuestros antepasados nos acompaña… Le pedimos que nos defienda”, dice ella y entre la voz única de los 3 mil 500 nativos reunidos en el Coliseo Cerrado, se escucha también la de su hija, la pequeña que la acompaña desde hace 9 años.
Luego, seguido de los largos aplausos que merecen discursos como el que acaba de dar Yesica Patiachi, el Papa asiente con la cabeza. Ella continúa.
“Los foráneos nos ven débiles e insisten en quitarnos nuestros territorios de distintas formas. Si logran quitarnos nuestras tierras podemos desaparecer… Queremos que nuestros hijos estudien, pero no queremos que la escuela borre nuestras tradiciones, nuestra sabiduría ancestral”.
Esta vez, antes de que resuenen los aplausos, en la cara de cada awajún, machiguenga, yánesha, asheninka y huitoto presente se refleja un sentimiento difícil de describir. Algunos tienen los ojos hinchados, otros llorosos. Sus penas y frustraciones históricas han revivido en cada una de las palabras de la profesora de secundaria que está en el estrado principal.

Labor de hormiga

El discurso de Yesica Patiachi duró 2 minutos y 30 segundos.
Ese tiempo fue suficiente para sensibilizar a todos en el Coliseo Cerrado de Puerto Maldonado. Ella fue la voz además de todas las mujeres amazónicas que son violadas y explotadas sexualmente.
“He visto mi discurso en video y sí, me sorprendo: está muy sentido y da ganas de no sé qué hacer”, dice ella, horas después de la salida de Francisco de Puerto Maldonado.
“Si bien el discurso lo hicimos cuatro personas, este es de todos. Es nuestro sentir escrito en lengua harakbut y castellano. Es el discurso que enviamos al Vaticano en setiembre último con la ayuda del monseñor David Martínez (del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado) y que regresó resumido. El discurso debe conseguir algo más que buenas acciones, debe ser fuerza de cambios”, afirma.

De un pueblo afectado

En plena fiebre del caucho durante la primera década del siglo XX, los harakbuts vivieron una historia de terror. Los caucheros de diversas partes el mundo llegaron a exterminar a una buena parte de los pueblos indígenas. Los hombres blancos buscaban mano de obra barata y como los descendientes de Yesica se resistían, eran perseguidos, esclavizados y asesinados.
Por eso, Yesica le regaló al Papa una pintura que ella mismo hizo. En ese cuadro describe cómo el pueblo harakbut le pide a Francisco apoyo para proteger el medio ambiente.
“Es un cuadro que describe a mi cultura, es la voz de todos mis hermanos indígenas”, señala esta profesora, cuyos relatos escritos en lengua harakbut y castellano fueron incluidos en el 2015 en un libro que repartió el Ministerio de Educación para fomentar la interculturalidad bilingüe en las escuelas públicas del país. Ella escribe sobre el clamor de los hombres y mujeres adultos que ruegan que su cultura ancestral no sea olvidada.
Yesica Patiachi dice que seguirá siendo la misma. Ahora solo quiere abrazar a su hija y repetirle lo que toda la comunidad de Puerto Luz, ubicada a seis horas de la ciudad en canoa, le dice: “Ven ‘tagntagnshipo’ (pequeña flor)”. Yesica es la voz de la Amazonía.
Fuente: La República - Perú.

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