viernes, 28 de septiembre de 2018

En el 82% de hogares rurales del Perú, la persona con mayor educación tiene menos de 29 años

Image
Investigadora apunta a este segmento joven como clave para que el ámbito rural del país salga de la pobreza siempre que cuente con un panorama futuro atractivo trabajando en el campo, una condición que por el momento no se está dando. El vínculo entre pobreza y pequeña agricultura es bastante estrecho. 

(Agraria.pe) ¿Cuál es la clave para desterrar la pobreza en el mundo rural peruano? Es una pregunta que muchos funcionarios seguramente se han hecho y cuya respuesta, quizá por evidente, fue la menos considerada: los jóvenes.

Así se desprende de las palabras de Carolina Trivelli, exministra de Desarrollo e Inclusión Social (2011-2013), quien lanza un dato revelador que abre el debate: En el 82 por ciento de hogares rurales del Perú, la persona con mayor educación tiene menos de 29 años. “Los chicos más educados, los de mayores capacidades, están entre estos jóvenes; si no trabajamos con ellos para que innoven y cambien la pequeña agricultura, vamos a desaprovechar el principal capital humano del mundo rural”, señala. 

Se trata, dice la investigadora, de una generación sustancialmente distinta a la de sus padres y abuelos, pues han estudiado más años –de hecho muchos terminaron la secundaria y tienen algún estudio superior-, además de que están hiperconectados como todos los jóvenes de hoy con acceso al teléfono e Internet. Aunque esto último con matices, pues mientras un joven urbano utiliza Internet todos los días, uno rural se conecta en promedio una vez a la semana. Además, han viajado, conocen las capitales de sus distritos y sus provincias, lo que les da un conocimiento mayor del mundo rural. 

No remunerados
Sin embargo, lo del acceso a Internet no es la única limitación que encuentran. Trivelli apunta que este grupo se dedica en más del 50 por ciento a las actividades del sector agropecuario pero están en condición de trabajadores familiares no remunerados (un 60 por ciento está en esta categoría). Y esa es la principal razón por la que piensan en dejar los campos, ya que no ven forma de generarse una opción de futuro en esa vía. “Además, como la tierra es limitada, tienen que esperar a conseguir tierra de sus padres o familiares para desarrollar sus propias explotaciones”, complementa. 

A esto se suma el factor de inequidad, ya que si bien tanto hombres como mujeres de 15 a 18 años empiezan en estas labores agropecuarias en este formato familiar no remunerado, salta a la vista que conforme van ganando años, los hombres dejan dicha condición y son las mujeres las que se quedan en esa situación, un verdadero problema de género pues ellas tienen la misma capacidad que sus pares varones para aportar. 

Esta es la razón por la que luego estos chicos, que podrían bien estar enfocados en  muy buenas labores remunerativas en el campo, terminan haciendo trabajos como mecánicos o mototaxistas en las ciudades. 

Por ello no es de extrañar que el índice de pobreza rural en el país se haya estancado en 44 por ciento, un valor muy elevado para un país como Perú que siempre declara estar en la vía del desarrollo. 

Entorno
De hecho, Carolina Trivelli apunta que la pobreza rural en el país sigue siendo el triple que la que se encuentra en la zona urbana. Esto, sin dejar de reconocer que desde que se mide este factor, la pobreza en general pasó de casi 60 por ciento en 2004 a 22 por ciento el año pasado, una caída sostenida e importante, pero que el año pasado se revirtió en un punto, lo que debe marcar un signo de preocupación para las autoridades.

Lo cierto en todo caso es que desde 2014 la pobreza en la zona rural ya no baja, y esto significa que ocho de cada diez pobladores de ese ámbito vive en dicha condición. 

“Lo que habíamos logrado hacer entre el crecimiento, las políticas públicas, las inversiones público-privadas, que había generado nuevas oportunidades para los pobladores rurales, no permite bajar más la pobreza. Debemos hacer algo nuevo para reducir este elevadísimo nivel de pobreza rural que es de 44 por ciento de pobladores en zonas rurales, es inaceptable”, argumenta. 

Lo interesante es que quienes se encuentran en la zona de pobreza no están muy por debajo de la línea divisoria, por lo que se tiene que pensar en políticas que les permitan dar ese salto final para pasar al otro lado. 

Se trata de una realidad que el Perú comparte con varios otros países de América Latina una vez que el boom del crecimiento económico se ha terminado, dice la vocera. En nuestro país se reafirma además con los datos que revelan que la pobreza en la sierra rural y la selva rural se han quedado estancadas y el único lugar donde este factor está cayendo es en la costa rural. “De nuevo, en vez de converger, estamos ampliando brechas”. 

Otra característica importante es que en los hogares donde hay mayor pobreza la agricultura se hace más importante, lo que señala una estrecha relación entre pequeña agricultura y pobreza, y marca también un espacio bastante específico para trabajar como clave para cambiar la realidad. “Si no enfrentamos los desafíos de la pequeña agricultura, no podremos enfrentar los desafíos de la superación de la pobreza”, redondea. 

Así, entre los estratos más rurales el 25 por ciento de sus ingresos son agrícolas, en tanto que en las pequeñas ciudades representa cerca del 10 por ciento, lo que deja en claro lo gravitante que es  dicha actividad en la vida de estos sectores. 

Para Trivelli, no se trata entonces de ofrecer más programas sociales –cuya función no es sacar de la pobreza a los beneficiarios sino dar un apoyo- sino dotar al mundo rural de herramientas que los hagan más eficientes y rentables desde la pequeña agricultura. Y ahí, como vimos antes, el factor de la población joven es trascendental. 

Será una forma para terminar, dice, con la paradoja que plantea que quienes más hambre pasan en el país son las personas que viven en las zonas donde se producen los alimentos. 
Image

No hay comentarios:

Publicar un comentario