miércoles, 26 de septiembre de 2018

VIDA RELIGIOSA: COMUNICAR Y VIVIR LO EXTRAORDINARIO EN LO COTIDIANO, por Luciano López

Amanecer Dominicos Provincia Santo Rosario



Celebración litúrgica en Birmania (Imagen del autor)
El futuro de las comunidades religiosas es hoy un tema de reflexión, tanto en el ámbito religioso como en el laico. Fr. Timothy Radcliffe, antiguo Maestro de la Orden de Predicadores, dedica hoy su vida de conferenciante a este tema, como uno de sus objetivos esenciales. Reyes Mate en una entrevista publicada en el último número de esta misma revista expone, de manera brillante, cuál es su idea de la vida religiosa hoy.

En consecuencia, mi reflexión consistirá en exponer de forma muy personal, cómo veo yo hoy la vida religiosa, y cuál puede ser su futuro.

Fui religioso, y aunque vivo ya fuera de una comunidad, tengo contacto frecuente con diversos conventos de la Provincia. La acogida es siempre magnífica, con un calor humano digno de admiración.

A pesar de todo, me gustaría ver un mayor compromiso en la forma de vivir en común. Hay frailes viven en un individualismo exagerado, sin apenas comunicación con los demás hermanos. No solo es necesario compartir el Pan y la Palabra, que todas las Comunidades hacen como primer acto del día. Hay que compartir mucho más, sentimientos, emociones, opiniones, creaciones. La vida en comunidad es algo esencial, nadie tiene nada, todo es de todos. ¿Son hoy las comunidades una familia? ¿Me hago una comunidad a mi imagen y semejanza? Vivir en común no solo con la mente, también con el corazón, emocionalmente.

Considero que la vida religiosa en sí misma es algo atractivo hoy para cualquier persona deseosa de hacer el bien y comprometida con el otro. Pero los valores religiosos hoy, y subrayo religiosos, de los adultos, son completamente diferentes de los de los jóvenes. Y quienes dirigen hoy la vida de las comunidades religiosas son adultos, con valores que no atraen a la gente. Echo en falta “sentir” la emoción de estar viviendo algo extraordinario. Y no solo vivirlo, también comunicarlo.

La percepción que el mundo tiene de la vida religiosa es diferente a cómo se ven los religiosos a sí mismos. Y la razón está en que no hay una comunicación con el mundo que llegue al corazón de los hombres. Tengo la impresión de que en la formación se han dejado de lado los aspectos esenciales de la persona. Fui religioso, pero si echo la vista atrás me doy cuenta de que no existía sintonía entre los formadores y nosotros. Nos movíamos en mundos muy diferentes. Me temo que hoy sigue sucediendo lo mismo.

Mi experiencia viajera me ha llevado a vivir la diversidad religiosa en diferentes culturas. Me ha llamado poderosamente la atención la religiosidad oriental. Curioso: las grandes religiones han surgido en el mundo oriental. 
Tuve la suerte de vivir durante tres días en una comunidad religiosa de dominicos en Myanmar-Birmania. La comunidad de creyentes forma parte de la comunidad religiosa. Es verdaderamente una familia. El domingo a las 9 de la mañana comienzan a llegar los cristianos al recinto de la Iglesia. La misa comienza a las 10, pero no se sabe cuándo acaba. Nadie tiene prisa por irse. Disfrutar de la familia es sentirse feliz. Nada tiene que ver ese mundo religioso con el nuestro. Las vocaciones religiosas en este contexto surgen de manera natural.

En la India, me he encontrado con infinidad de jóvenes y no tan jóvenes, que se sienten atraídos por ese aparente sentido espiritual del budismo, llegan en busca de sí mismos, con ganas de hacer algo por los demás. Es claro que muchos jóvenes descubren la necesidad de hacer algo para cambiar los valores materialistas del mundo en el que viven. Y curioso, casi nadie se fija en las comunidades religiosas católicas, en los conventos de los religiosos de España. Buscan en ONGs., en el budismo, en otras múltiples manifestaciones que nada tienen que ver con la iglesia católica.

Cuando un joven entra en un monasterio budista siente paz, espiritualidad, solidaridad, sentido transcendente de la vida. Y eso, por desgracia, no se siente hoy en un monasterio católico, al menos en la mayoría. Nunca he visto en ningún monasterio budista a un monje vestido de manera informal. Nunca. En el mundo actual las formas son muy importantes. Y en la vida religiosa de hoy parece que las formas no lo son.

Buscan fuera lo que fácilmente podrían encontrar aquí, si realmente los conventos fueran focos de ilusión, de esperanza, de fe viva en un Dios que perdona. Se trata de vivir la vida con emoción, fuente de toda energía.

El futuro de la vida religiosa es creer que es pasión, libertad, humanidad, emoción, búsqueda de un Dios que se hizo hombre para hacernos hijos suyos. Si no hay pasión y emoción en nuestra vida, difícilmente lograremos que los jóvenes se sientan atraídos por este modo diferente de vivir.

El convento debe ser un hogar donde uno se siente que vive en familia, que está rodeado de amor, de paz, de alegría, en una palabra, el lugar donde uno finalmente se siente feliz. Y eso solo se consigue si ponemos pasión en lo que hacemos.

Si no hay un cambio en el modo de vivir el carisma de la vocación, no va a ser atractiva para nadie. Tienen que animarse a empatizar con el resto de las personas. A sentirse buscadores de felicidad al lado del resto de los hombres. El pastor debe ser también oveja, como dice el Papa Francisco.

Pasión por la verdad.

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